“Democracia y Género en Uruguay “ 
¿Una verdad a medias?

El  género hace referencia a las cualidades y comportamientos definidos culturalmente para los hombres y  para las mujeres. Ofrece una perspectiva nueva más amplia y neutra a la necesidad de incorporar tanto a los hombres como a las mujeres y sobre todo las relaciones entre ellos a todos los saberes que construyen las diferentes formas de organizaciones sociales.

Esta perspectiva utiliza de modo nuevo el sistema sexo-género, donde el término sexo se reserva para las diferencias biológicas y el término género se utiliza para designar diferencias sociales, culturalmente adquiridas, que encontramos en todas las sociedades. Se trasmiten por los procesos de socialización de generaciones a generaciones, y de ahí la importancia de comprender de manera cierta e incorporar en nuestra mirada, el concepto de género que nos incluye y atraviesa a todos.

 Desde la Antropología, la definición de género o de perspectiva de género alude al orden simbólico con que una cultura dada elabora la diferencia sexual. Mediante el proceso de constitución del orden simbólico en una sociedad, se fabrican las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres. El sujeto social es producido por las representaciones simbólicas.

Históricamente, en el Uruguay, la participación de las mujeres en ámbitos políticos, en espacios de toma de decisiones, ha sido debatida y cuestionada, a pesar de ser una sociedad caracterizada por una cultura democrática, a diferencias de otras que se dicen ser más modernas y multiculturales. 

Durante décadas, las mujeres con responsabilidades políticas han defendido que las diferencias no se traduzcan en desigualdad. Una herramienta ha sido la creación de la Comisión Especial de Género y Equidad en el Parlamento uruguayo, en la cual se plantea en forma permanente la inclusión de la mirada de género en las políticas de Estado.

Hoy, el Partido Colorado, plantea una reestructura a través de la Reforma de su Carta Orgánica, con la necesidad de agiornar la dinámica partidaria a un nuevo y diferente tiempo histórico, siendo impostergable e inexcusable la necesidad de definir con qué mirada, dicha fuerza política, pretende seguir construyendo un país moderno, y sustentado en los verdaderos principios batllistas, vigentes hoy, en la historia de vida de Matilde Pacheco y José Batlle y Ordóñez hace un siglo y medio atrás.

Es tiempo hoy, de legitimar con responsabilidad y pragmatismo, el verdadero compromiso, la real voluntad política y la convicción sincera  de lo que comúnmente se expresa en los discursos políticos, durante las campañas electorales y desde los espacios de decisión, en relación a  la mirada de género como una transversal a todas las políticas que necesariamente deben implementar los Estados democráticos como el nuestro.    

Si bien toda nuestra experiencia de vida está marcada por el género, también tenemos como seres humanos, un conjunto de aspiraciones y compromisos que con frecuencia nos unen. En este aspecto habría que tener presente  la acepción castellana de género, en el sentido de que las mujeres y hombres pertenecemos al género humano.

Solo así nuestra cultura se irá haciendo más abierta a la diversidad y al multiculturalismo que hoy existe y muestra a todas las sociedades “democráticas” del mundo, enfrentadas ellas a grandes desafíos que tienen que ver con la inclusión y la igualdad desde las diferencias.

Comisión Nacional de Mujeres del Partido Colorado.
Agosto 2006